El Viaje de Mi Vida
Mi camino por recorrer...
Nací muchas veces. No todas en una sala de parto. Algunas nací en silencio, otras en medio del caos, otras después de perderlo todo.
Mi vida no es una línea recta: es un espiral que sube, baja, se quiebra, se recompone y vuelve a subir. Y en cada vuelta, me encuentro un poco más.
Durante años creí que la vida era sobrevivir. Sostener. Aguantar. Ser fuerte para todos. Ser madre, ser líder, ser sostén emocional, ser la que no se cae. Pero un día me quebré. Y ese quiebre fue mi verdadero nacimiento.
El viaje de mis decisiones
Siempre fui una mujer de decisiones intensas: las que me salvaron, las que me hundieron, las que me hicieron crecer y las que me obligaron a mirarme sin máscaras. Decidir no siempre fue fácil. A veces elegí desde el miedo, otras desde la intuición, otras desde el cansancio. Pero cada decisión fue un portal.
Hoy entiendo que decidir es un acto espiritual. Es decirle al universo: “Estoy lista para lo que viene, aunque no lo entienda todavía.”
Las relaciones que me formaron
Mis vínculos fueron mis grandes maestros. Amé, perdí, sostuve, solté, volví a amar, volví a caer, volví a levantarme. Aprendí que amar no es desaparecer en el otro. Aprendí que poner límites no es dejar de querer. Aprendí que la presencia es más poderosa que cualquier promesa.
Mis hijos, mi familia, mis afectos… Ellos fueron mi espejo. Me mostraron mis sombras, mis luces, mis heridas y mi capacidad infinita de volver a empezar.
Mis traumas: la parte que nunca conté
Tuve traumas. Muchos. De esos que te dejan sin aire, sin voz, sin piel. De esos que te obligan a inventarte una coraza para sobrevivir. De esos que te hacen creer que no merecés paz.
Pero también tuve algo más fuerte que mis traumas: resiliencia. La capacidad de ir y venir, caer y levantarme, romperme y reconstruirme. La capacidad de no rendirme incluso cuando no sabía cómo seguir.
La disciplina que me salvó
No hablo de disciplina rígida. Hablo de la disciplina del alma: la que te hace volver al cuerpo, al ritual, al silencio, a la palabra que te ordena. Hablo de la disciplina de elegirte todos los días, incluso cuando no tenés ganas. Hablo de la disciplina de sostener tu propósito cuando nadie lo ve.
Mi cuerpo fue mi templo. Mi mente, mi campo de batalla. Mi espíritu, mi brújula.
Lo que sí y lo que no
Hoy sé lo que sí quiero en mi vida: presencia, amor consciente, proyectos con alma, vínculos nutritivos, rituales que me eleven, trabajo que me expanda, decisiones que me honren.
Y también sé lo que no: el ruido, la culpa, la exigencia vacía, las relaciones que drenan, los lugares donde tengo que achicarme para encajar.
Decir “no” fue uno de mis mayores actos de libertad.
La preparación para la liberación
Mi vida entera fue una preparación para liberarme: de mandatos, de culpas, de historias heredadas, de versiones de mí que ya no me representan. Cada caída fue un entrenamiento. Cada pérdida, un rito. Cada renacimiento, una señal.
Y entonces llegó San Juan.
El Rito de San Juan: mi renacimiento más profundo
El rito de San Juan me encontró en un momento donde necesitaba quemar lo viejo para abrir espacio a lo nuevo. Ese fuego ancestral me enseñó que la liberación no es un acto mental: es un acto energético. Es un desprendimiento. Es un salto.
Recomiendo este rito a quienes, como yo, cargan traumas profundos. Porque el fuego no destruye: transforma. Porque el fuego no quema: purifica. Porque el fuego no asusta: revela.
Ese día entendí que mi historia no era una herida: era un legado.
Hoy soy comunicadora wellness, creadora, guía, emprendedora, madre, mujer ritualista. Pero sobre todo, soy alguien que decidió convertir su dolor en propósito.
Mis proyectos —VM Wellness, VM Brand, Comunidad Religarse, mi libro Calchaquí— no nacieron de la ambición. Nacieron de mi necesidad de sanar y de compartir lo que aprendí aquí en este Blog.
Mi vida es mi mensaje. Mi historia es mi herramienta. Mi voz es mi puente.
Este es mi viaje
Un viaje de ida y vuelta. De luz y sombra. De caída y renacimiento. De disciplina y libertad. De fuego y agua. De raíz y expansión.
Un viaje que recién empieza. Y que quiero seguir escribiendo, no solo para mí, sino para todos los que sienten que su historia también merece ser contada.

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