Capítulo 500 AC / DC Emprender, el Camino del Ser

Aquella niña que fuí, que jugaba a emprender hasta la Mujer que construye imperios de colaboración

Desde que era una niña, mi mundo era un juego de negocios improvisados. Ollas convertidas en tesoros, piedras simulando mercancías valiosas... En ese pequeño universo, la magia del intercambio me fascinaba. Atender, ofrecer, ver la chispa en los ojos del otro... mi imaginación tejía mundos de posibilidades. Hoy, al recordarlo, sé que no era solo un juego: era el alma tejiendo  mi destino.

Pero para entenderlo del todo, debo viajar aún más atrás, a las raíces de mi ser, donde la supervivencia fue mi primera maestra. Las visitas a mis primos en Bernal Oeste eran bocanadas de libertad. El riacho, con su aroma terroso, los yuyos danzantes y el canto del agua, mi Edén. Allí, frente a la casa de Don Berto, floreció mi primer "emprendimiento": un puestito callejero adornado con recortes de revistas y promesas de descuentos de cine. Pasaba horas nutriendo mis sueños, inventando formas de presentar mis "productos", ensayando palabras que conectaran.

Entonces llegó mi primera "ganancia", esos cinco centavos que valían un tesoro. Pero también, mi primera gran herida. Un vecino entrometido delató mi aventura a "mis padres". "Esa niña está vendiendo otra vez". Al volver a casa, la tormenta me esperaba: gritos, reproches, golpes... "La gente va a pensar que te mandamos nosotros", decían, avergonzados. Pero yo no sentía vergüenza, solo pasión. Una voz interna me gritaba que en ese acto de crear, de conectar, encontraba mi vitalidad. Y aunque el dolor físico era intenso, la incomprensión dolió más. No podían ver a la niña emprendedora que ardía en mí.

Pero aquel día, en lugar de apagarme, encendieron en mí una llama aún más fuerte.

Con los años, la búsqueda de mi lugar continuó. Dos secundarias mercantiles fueron intentos fallidos de descifrar un lenguaje que no era el mío. Pero en lo profundo de mi ser, una certeza palpitaba con fuerza: mi corazón latía por las historias que merecían ser contadas, por los lazos humanos que enriquecen el alma, por la creatividad desbordante y por la visión de construir algo propio, algo auténtico.

Siempre soñé con imperios de colaboración, donde cada individuo ofreciera su don único y el apoyo mutuo eclipsara la competencia. Algunos me tildaron de ingenua, otros vieron en mis sueños la sombra de una secta. Pero mi única intención era compartir, co-crear, transformar la realidad. Y aunque el camino no siempre fue lineal, hoy veo cómo esa visión está tomando forma: burbujas que laten con fuerza, que inspiran a florecer, que nutren cuerpo, mente y alma.

Aprender a mantener el despertar consciente no ha sido fácil. Si bajo la guardia, el ego acecha, seduciéndome con la máscara del "campeón", esa voz que se alimenta de la invalidación para sentirse superior. Por eso, hoy elijo con discernimiento: qué sí, qué no, con quién, desde qué lugar y con qué propósito.

He afinado mi oído interno, aprendiendo a escuchar mi percepción en tiempo real. Como aquella vez, cuando una persona cercana generó en mí una inquietud inexplicable. El tiempo me demostró que mi intuición no me había engañado. El dolor fue inevitable, pero la lección quedó grabada: la vida nos presenta los mismos desafíos hasta que los integramos con nuestra vida.

He tropezado, he sentido el peso del cansancio hasta las lágrimas, he experimentado la desolación del vacío. Pero también me he levantado una y otra vez, con la frente en alto, con la dignidad de quien sabe que está entregando su alma en cada paso.

Hoy, me abrazo con ternura. Me 

Hoy, al recordarlo, sé que no era solo un juego: era mi alma anunciando su destino.
Pero para entender el todo, debo viajar a las raíces, donde la supervivencia fue mi primera maestra. Las visitas a mis primos en Aquel día, en lugar de apagarme, encendieron en mí una llama incombustible.
Esa chispa fue la que me dio el valor para dar el salto definitivo: a los 19 años, decidí dejarlo todo y partir hacia la Capital. Salí de casa huyendo de un contraste asfixiante que amenazaba con desgastar mi esencia; era un entorno que intentaba encasillarme en un molde que mi alma ya había roto. Llegar a la ciudad fue mi primer gran acto de soberanía; fue allí, entre el ruido y las luces, donde comencé a emprender el viaje más difícil y hermoso de todos: convertirme en la mujer que soy.
Con los años, la búsqueda de mi lugar continuó entre intentos fallidos de encajar. Pero en lo profundo, mi corazón latía por las historias que merecían ser contadas y por los lazos humanos. Siempre soñé con imperios de colaboración, donde el don único de cada uno eclipsara la competencia. Me llamaron ingenua, incluso juzgaron mi visión, pero mi brújula siempre marcó lo mismo: co-crear para transformar la realidad.
Hoy, ese camino ha tomado forma en burbujas de bienestar que nutren cuerpo, mente y alma. Mantener el despertar consciente no es sencillo; el ego acecha, por eso hoy elijo con discernimiento: qué sí, qué no, y con quién. He afinado mi oído interno para escuchar mi percepción en tiempo real, aprendiendo que la vida nos presenta los mismos desafíos hasta que logramos integrarlos con sabiduría.
He tropezado, he llorado de cansancio y he caminado por el desierto del vacío. Pero me he levantado siempre con la frente en alto. Hoy me abrazo con ternura. Me reconozco completa. Soy una mujer que vibra en sintonía con el universo. Soy apasionada, soy guerrera y soy ganadora, porque mis logros son el eco de una red de amor que me sostiene.
Hoy, con esa misma determinación que me hizo dejarlo todo a los 19 años, declaro mi próximo paso de Fe: recuperar mi terreno. No hablo solo de un espacio físico, sino de reclamar mi lugar en el mundo para construir allí una base firme, cimentada en la paz que tanto me costó alcanzar y en el amor que hoy elijo darme. Porque sé que para seguir expandiéndome hacia lo infinito primero debo tener las raíces bien plantadas en mi propia tierra.
Con la fuerza de aquella niña que vendía recortes de revistas en Bernal Oeste para juntar un dinerito y escaparse de su entorno.. Nacida en Avellaneda, renacida en la libertad de La Ciudad  Autónoma de Buenos  Aires.

Por qué se hace con Amor y Fe o no se hace. 

Natalia Pirik


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